Amparados en las siete de la tarde de un viernes, en la oficina ya vacía de la Costanera, bajo las luces de neón de la minúscula "cafetería". Andrea le preguntó picarona:
- ¿ Qué es lo más abyecto que has hecho ?
Federico abrió desorbitantemente los ojos, contrarestando un poco el efecto de la última jalada.
- Me culié a un niño le dijo.
A ella le vino de golpe la imagen de Daniel, su sobrino, memorizando las tablas de multiplicar en la cocina. Un músculo bajo el abdomen se le contrajo involuntariamente.
Puso ambas manos en el mesón para enderezarse. Se miró las puntas cuadradas de sus zapatos y alisó con ambas manos la pollera cortita de lanilla gris, espantando los minúsculos granos de coca con sus dedos, mientras se tensaban sus muslos, entrenados en el gimnasio.
Entonces, en un movimiento automático de buena educación, desplegó en todo su esplendor su hilera de dientes hacia Federico. El la miró sorprendido y encantado. Nunca se había sentido tan aceptado.
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