Fatigado de soñarte, despierto sin cordura, convirtiéndome en aroma, mojándome de tu ternura, tus labios regalan el calor, y con él, el deseo de ir reposando lento en tu piel clara, y caminar lento sobre de ella, como el rocío se evapora en la madrugada, lento hacia la gloria, lento como el tiempo que entre tus manos deshojas, como lento me pierdo en tu lasitud de niña, lento el sortilegio de tu sonrisa se me olvida, como el fuego me consume de tenerte, entre sabanas sin prisas. |