¿Por donde comenzamos a contarte lo que sucede con mi vida?
Cuando despierto el sol brilla allá afuera. Puedo verlo desde mi ventana. Para mi desgracia, nuestra estrella solo brilla hasta el momento en que decido poner un pie fuera de mi casa.
Llueve. Sean lloviznas, lluvias, tormentas, huracanes o diluvios, nunca deja de llover.
¿Por qué llueve tanto cada vez que estoy afuera?
¿Por qué ha de llover tanto cada vez que me acerco a tu puerta?¿Por qué sigo frente a tu puerta?¿Qué puedes decir que no hayas dicho antes?¿Quién dijo que en esta ocasión serás la mujer que amo si lo único que has sido hasta ahora es una mujer más?
Por más que lo deseo, no toco a tu puerta.
Regreso por donde vine, sin mirar en esa dirección que parece ser tan tentadora. Camino por las calles empapado, sintiendo frío, sintiendo las gotas bajar por mi rostro.
¿Por qué razón todos los que me rodean están tan secos?
Hundo mis pies en cemento húmedo, resbalo y caigo sobre las aceras. Los autos pasan a toda velocidad sobre la vía y bañan mi cuerpo en el agua de esos charcos que con tanto cuidado evité pisar.
Pero mientras la lluvia siga, estaré caminando en la calle, buscando la forma de lograr aprovechar la vida que me da la lluvia. La vida que no tienes, aquella vida que nunca dejó de ser solo mía, esa vida que no pudiste robarme, la vida que me dejaste.
Y esta noche al llegar a mi cama escucharé el sonido que producen el agua que pasa a través de mi gotera para caer sobre la olla. Y bajo su música que me recuerda un sonido de tambores, quedaré dormido. |