Te desvistes
como el alba desviste
al pájaro de seda;
como la voz suplicante
llega a mis oídos
en leve forma de sinfonía.
Así te desvistes,
con la misma entrega
con que mi piel se estremece
ante la tuya que la desea.
Me enternezco
pensando en tu boca lógica
que aparece tentadora
entre manos de fuego
que me queman.
Tiemblo, porque te desnudas para mi
y esa pintura que mi alma dibuja
se mezcla,
se agranda,
se transforma,
se queda indefensa
ante mi propia desnudez
que no es más
que la simple forma de vestir
que a tu lado queda bien.
Relampagueo
y zigzagueo
ante mi yo desguarnecido
que siente en tí su perdición.
Pero tu mirada emborracha
y vuelve a dar cuerda
y no me importa mi obvia esperanza
de tenerme sola en pie.
Tú me entregas
el consuelo de mis carnes
porque sin siquiera haberme tocado
ya me tienes entera.
Porque antes de ser mía,
era tuya;
y antes de ser tuya,
ni siquiera existía.
Porque antes de desvertirme
y de que te desvistieras
ya estábamos desnudos. |