Yo siempre andaba viendo resplandores en torno a las personas. Como si fueran unas sombras luminosas. Grandes o pequeñas. Intensas o no tanto. Eso sí, solamente a los vivos, pero jamás a los muertos. Por eso, casi me dio un infarto esa vez que vi una luz tenue en el borde del ataúd, justo cuando lo estaban bajando a la fosa.
- ¡ Abranlo ! – grité. Y me creyeron loco.
|