Caigo en su red;
una tela crepuscular
de horizontes sin esquinas,
una seda redonda
donde nacen senderos,
monumento de pieles
que palpan la derrota,
zapatos que crecen
sólo para dejar sus huellas,
un trono de enredaderas pobres
que se elevan sin oro ni brillos,
un árbol de ramas
con follajes de infortunio,
espiga de trigos otoñales
que nunca será pan
ni migaja,
una jaula de papel ensangrentado
por combates de espinas y rosas.
Su tela es un nido de plumas
del pájaro que perdió su último verano.
Tumba y mortaja de mi alma,
mi bandera y epitafio.
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