No sólo corre calcio por tus huesos,
también la rótula de la noche, la luna,
y sus sábanas rotas en las rodillas,
su intenso alboroto en el rótulo de los músculos.
Tus extremidades son las proyecciones
de la blancura, del veneno y del narcótico,
capaces de apretujar los asideros de la realidad,
eslabonadas sombras: manos sobre la piel.
Ternura bárbara del beso y la mirada,
del éxtasis y el fuego genésico,
inmersa en la múltiple saliva del cuerpo,
estableces las fatuas ansiedades de mi ser.
Existes, te toco y ya eres verso,
escritura carnal de lo carnal.
Siento en el sexo canicular del cerebro
tu cuerpo, documento de lo vivo y palpitante.
Estoy aquí, entre letras y anatomía de mujer,
entre el significado y el significante,
en la unidad de la palabra y del objeto:
cosmos expresivo del poema.
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