Y no me apenan la guerra,
el cansancio ni la soledad.
No me ahogan el hambre,
la codicia ni llorar.
No me alteran el ruido,
las habladurías ni la muerte.
No me atraen el sol,
el arco iris o el mar.
No me deslumbran la libertad,
la magia ni volar.
No descubro pequeñeces,
grandezas o virtudes ajenas.
No sé vivir,
ni supe nacer.
Y cómo no sé sentir,
tal vez morir
no me afecte.
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