La niña observaba cómo su madre tejía
para obtener grandes y coloridas mantas.
Días y días trabjando...
_No te cansas de tejer mamá? pregunta la niña.
_Un poco, pero para eso está la noche, para descansar mi tesoro, responde la madre.
Otro día, la niña se puso a observar el tosudo verdor de las plantas, y el mágico colorido de las flores del jardín de su casa.
Por unos momentos lo hizo.
Durante varios días lo hizo.
Y se dio cuenta que según pasaban los días,
más hojas y flores tenían,
y más grandes y hermosas lucían.
_¿Quiénes tejerán las hojas y las flores.
Cuándo las pintarán.
Cuándo las perfumarán...
y cuándo descansarán?! se preguntó la niña.
Y durante los días subsiguientes, la niña siguió observando e indagando por unos momentos acerca de lo mismo.
Hasta que una tarde jugando en el jardìn...
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