presuroso el auto se dirigìa por la vìa, un solo estruendo, en la noche se escuchaba, rompia el silencio un motor de 24 valvulas y ciento noventa caballos de potencia, el chillido de los neumaticos poco a poco se interrumpia por los constantes acelerones en las rectas, de repente, una señal que no alcanza a ser percibida, una curva cerrada y ahi, al fente, el fìn del camino. |