Anduvimos por los mismos mundos sin llegar a conocernos.
Bebimos de la misma fuente y aún así el desencuentro.
Fuiste rosa de mi espina, fui la paz de tu tormento
y el tiempo fue la llave donde se fundió este lamento.
Y el lamento nos juntó en la noche a pesar del desencuentro.
Y fui vida en tu vida; y fuiste linfa en mi desierto
no el ocaso de tus dias ni las nubes de mi cielo...
Solo dos alondras libres que fusionaron en vuelo;
mas olvidé que para ser libre era necesario morir de nuevo
y nosotros, temerosos, no supimos... He ahí el desencuentro.
Cuántas lagrimas surcaron el portal del tiempo
se evadieron de nuestros dedos; no intentamos conocernos.
Pero acaso llegue el día en que mudo aflore el sentimiento
e intentemos ser uno y no uno en desencuentro...
Mas si esto un dia ocurre, quiera Díos no nos olvidemos
ser tú la rosa de mi espina, ser yo la paz de tu tormento. |