“El cielo, el cielo de los cielos, no te contiene”
Salomón ( I Reyes, 8, 27)
Hace buen rato que el joven helénico marcha, en perpetua caminata, hacia el final de la galería. Diez metros. Un metro. Un decímetro. Un centímetro. Maltrecho su orgullo olímpico, parece arrimarse a una meta cada vez más lejana. El sinfín de galerías de piedra lo conducen al patio mayor, y éste, a su vez, lo conduce al sinfín de galerías. He aquí el hombre.
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