Un sucio punk más
Sumido vulgarmente en la soledad,
la tristeza, con el mismo rostro ojeroso, lo miraba maternalmente;
Ropa negra tirada,
soldados caídos en la guerra del “buen vestir”;
Las piernas blancas como la muerte
y la fotografías sonrientes;
Música rodeando cada dimensión en la habitación,
tomando intempestivamente,
manipulando la independencia de los objetos.
¿Qué fue de las bellezas subterráneas,
de la mujer navaja,
de Dios?
no
lo sabía.
Él no sabía muchas cosas.
El lápiz, el papel
era como si se amaran.
Amor, esa palabra…
“Soy un sucio punk más,
un hippie renegado,
frugal excremente contra la corriente
del desagüe social,
salmón de arena…”
Le habían dicho que no valía la pena
regar tanta bilis sobre las palabras,
que le podían crecer baobabs
desmemoriados
y hueros;
que cambiase.
En fin, pura literatura.
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