Como un navío desembarcas en mis pensamientos, arrastrando las sales que gimen bajo tu proa; navegando los hilos de mi cabellera, que se arroja hacia tus manos. La tormenta rasga mi cubierta que se entrega a ti, como un choque de sentidos volcados a la mar. Susurras las letras que me guardan eternamente pura; y en lo profundo me aprisionas, como una caracola que desciende por las aguas. Respiro tu piel nadando en mi cintura, como una sirena anclada a ti; perdida en el oleaje pasajero que alborota mis entrañas, o en las corrientes alejadas de tus costas. Signas lo cóncavo y convexo en las madrugadas robadas por tus redes, como un timón surcando territorios que remonta por mis venas, para explotar en el sendero de mis algas.
Ana.
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