En esa encrucijada de turbias miradas,
de esas sin sentido alguno,
encontré sofisticado destino y camino,
en el cual no tocaré fuego ni fondo,
solo abismos.
Entretanto,
sigo mirando cataratas,
envuelto en el tumulto desordenado de palabras.
Como lobos blancos en la nieve,
indistinguibles por mis soberbias miradas,
desafiantes por mis insomnes sonrisas,
siempre enseñando los dientes a la vida.
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