En general, cuando surge el tema de la edad, y se alude a la nuestra, emerge la idea de "la vejez".
Comienza el resurgir del des-precio, del menos-precio...
Entonces, sentimos vergüenza.
Y nos cuesta soportar las burlas:
"Los años no vienen solos".
"No te coces con el primer hervor".
"Ya estás de vuelta"...
Y nos defendemos, o tratamos de evadirnos:
"La edad no se pregunta"...
"Viejos son los trapos"...
"Siempre se tiene 20 años en un rincón del corazón"...
"Lo importante es la juventud de espíritu"...
Pero por una cuestión
de lógica espacial, temporal,
y de correlatividad:
Si no aprendo a "aceptarme" tal como soy ahora,
tampoco voy a aprender a "amarme" tal como soy.
Y si no me acepto tal como soy ahora,
dificilmente voy a aceptar a los demás tal como son.
Y si no me amo tal como soy ahora,
difícilmente voy a amar a los demás tal como son.
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