Las lagrimas son la sal que cicatriza las heridas del alma, el llanto es el voltearse de adentro hacia fuera en un escape acrobático de la embestida furiosa de los sentimientos.
El silencio es la confesión interna y la redimición personal de lo indecible, es el gritar en los ecos del espíritu de nuestros deseos y tratar que con su afilado y agudo sonido acallemos las voces de nuestros labios.
La soledad es la cueva del venado herido, que sale de ella solo cuando muere o se cura, es la eterna compañera del erudito, la torturadora del hablador y la asesina de la ignorancia.
|