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'Mientras más vivo más me convenzo de la insignificancia de todo; de todo con respecto al hombre, naturalmente, puesto que dicha convicción me ha venido al comprender que hay algo grande, mucho más grande, mucho más alto.
Pero… ¿dónde está ese algo?
Nadie podrá saberlo jamás.
Me dirán:
- ¿Cómo es posible pensar así cuando vemos
diariamente un mar de hombres dedicarse, de cuerpo y alma, a estudios grandes y altos, cuando es sabido que tantas cosas son grandes y altas?
Pues, así pienso.
¡Grande, alto!
Deben convenir conmigo que eso es en relación a nuestro entendimiento, que ello es grande ‘para nosotros’, alto ‘para nosotros’.
Ahora, por favor, pensad un minuto:
¿Qué somos?
Unos pobres seres, vanos microbios que hacemos prodigios dentro de lo que somos capaces de hacer, como las abejas y las hormigas. Pero quedamos atónitos, sin comprender nada, fuera del radio de acción de nuestra inteligencia y del radio de acción de nuestra conciencia.
¡Nada más!
Nace un hombre y empieza su vida. Veréis qué importancia dará a los ínfimos hechos que lo rodean como ser su casa, su comida, los chismes de la comadre, las opiniones del boticario vecino. Pero dicho hombre avanza y un nuevo horizonte se le abre.
Comprende que su casa está en su país y que hay otros países más que hay que gobernar. Dirige sus fuerzas a comprender todo eso y queda admirado al ver tantas regiones superiores donde obra el hombre, regiones que antes no había ni siquiera
imaginado. Le vendrán ideas e ideales; luchará convencido de la grandeza de cuanto hace.
Sigue adelante, ya sea por ese camino o por otro, como el de las ciencias o las artes o cualquier otro; en fin, sigue penetrando, sigue investigando
y buscando. Nuevos horizontes se extenderán ante él. Mas cuando ya vaya a llegar a la cúspide de sus conocimientos mirará hacia atrás y se preguntará:
-¿Qué he hecho? ¿Cuánto he abarcado con mi entendimiento?
Verá que nada. Verá que todos sus conocimientos, como todos los que pueden tener los hombres, no son más que datos insignificantes sobre lo que lo rodea, datos en relación a ellos mismos y no en relación a lo infinito.
Verá también que la evolución de un hombre es la misma que la evolución de los animales. Este perro viejo y enseñado sabe más que ese otro que acaba de nacer.
Pero ¿qué sabe?
Lo que los perros pueden saber…
El que ha recorrido eso que se puede saber, verá que es nada, nada más que la facultad que tienen los seres vivientes de:
Darse cuenta, a su modo, de las cosas que los rodean.
Me preguntaréis:
-¿Cuál es entonces el non plus ultra de la humanidad, el hombre ideal? Para mí –y no os escandalicéis, hombres de acción- es aquel que se convence de que todo cuanto hacen los hombres y todo cuanto pueden hacer, es sin objeto, es pequeño, es limitado, y que, si algo hace, debe hacerse por… por hacerlo y nada más, para obedecer a ese mandato que hay en nosotros que nos induce a ocuparnos en algo…
¿Por qué, entonces, yo que creo y pienso así, por qué pienso y estudio?
Pues, para poder darme cuenta de que todo es inútil. El ignorante no lo sabe. El que piensa y medita lo comprende. Comprende que todo es inventado por los hombres, en relación a sus limitadas facultades; lo comprende desde una gran altura. Aquí nuevamente me pregunto:
¿Gran altura?
Es en relación a los otros, nada más; así se ve como ‘gran altura’…
El hombre de convicciones fijas es un necio. Quien crea en la grandeza de las ciencias, de las artes, de la política, etc., es uno a quien su capacidad no le ha permitido ir más lejos para ver la pequeñez de las ciencias, las artes, la política, etc.
Todo es inventado por los miserables hombres, todo es convencional, del instante. Apenas se sale del pequeño círculo en que el hombre da vueltas y se entra en el Universo, en la Naturaleza, eso se ve. Se ve que no hay nada, que uno no es nada. ¡Hacer, proceder! ¿Para qué? Bien, si es por hacer algo o para poder comer. Pero nada más. ¿Es peor? Lo siento pero es así.
Por eso me pregunto:
-¿Para qué escribo? ¡Escribir…! ¡Noble
literatura! ¿Qué eres?
Luego me contesto:
-Eres como todo, una cosa inventada por los hombres para entretenerse los unos a los otros, para engañarse haciéndose creer que eso es lo grande; para distraerse y no pensar en los misterios que nos envuelven, nos oprimen y nos ciegan…
Es convencional la literatura también, es pequeña, imbécil. ¡Oh –clamarán los literatos convencidos-, fíjese usted que va tras lo bello, ¡lo bello!
- ¿Qué es eso de lo bello?
Lo que satisface a nuestros ojos, a nuestro entendimiento…
Nuestro entendimiento, ¿qué comprende?
¿Comprende lo bello o lo que a nosotros nos gusta? Acordaos quiénes somos nosotros; entonces os diré:
¡Inocente, cándida literatura!
Sin embargo yo escribo y siempre escribiré; me mortificaré por escribir…
¿No es esto otra prueba de que somos unos pobres e imbéciles microbios…?'
Pilo Yáñez
'Tuvimos que pararlo y afirmarlo contra la pared para vendarle los ojos y atarle las manos por detrás, era el procedimiento de rutina, cabrito, y ahí nomás empecé a tiritar yo, me temblequeaban las piernas, las manos y las carretillas porque fui descubriendo que eras tú cabrito, detrás de la mancha negra de esa cara llena de golpes estaban tus ojos cabrito y dije guatón tienes que cumplir con tu promesa al cabrito no le vas a pegar, ya tiene suficiente y llamé al paco que estaba de guardia y le dije quién carajos autorizó que golpeen a este hombre y el paco se cagó todo y dijo fueron los tiras mi sargento y dije a este hombre hay que llevarlo al hospital porque se puede morir en cualquier momento y el paco dijo sí mi sargento y ahí nomás llamó a una ambulancia y vino un médico y dijo sí lo vamos a internar y te llevaron cabrito te tuvieron como quince días en el hospital y la sacaste barata campeón porque después te sacaron del pueblo y te mandaron al pudeto y después a isla dawson y después te mandaron a rancagua y después te fuiste a la argentina cabrito y ahora volviste y yo el guatoncito abdala te cuento esta historia porque fui un hijo de puta cabrito con mucha gente pero contigo no cabrito, contigo no, porque el guatón abdala tiene palabra y tiene corazón cabrito y a tí nunca te pegué ni permití que ningún hijo de puta, ni el colifato ni el maldito perro morales te toquen, cabrito, porque contigo no cabrito, contigo no.'
fragmento de El guatón abdala (monólogo de un represor)
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