iba avasallando con su inseguridad aplastante todo lo que veía lo convertía en polvo, lo desecaba, lo reducía a la más completa y absoluta nada, dejaba a su paso un rastro de rencor tímido, silencioso, como un huracán que ùdiera pasar desapercibido en una playa de levante...
las hormigas le tocaban el pelo cuando descansaba en la hierba del parque, remoloneando, y sólo pensaba en a quién más destruir subrepticiamente... su cerebro era un caos de saliva y flujo vaginal, y lo único que veía en la gente era sexo.
después de acabar su tarea, ingresó en un convento. y nunca más nadie supo nada de ella |