—Que te digo que es una fantasma.
—No, tío, no. Que los fantasmas dan miedo, ¿no ves lo guapa que es, atontao?
—¡Pero mírale cómo brilla!
—Aura, se dice.
— Pues eso, ¿no ves tú o qué? ¡Y además flota!
—La verdad es que lleva sábana blanca.
—Lo que yo te diga: un fantasma.
—¡Boh! Pues si que... ¿Y eso da miedo?
—Para nada. Anda, vamos a decirle al Perolas, que lo va a flipar.
Los dos niños se alejaron, no sin varias veces girarse para enseñar la lengua a la Virgen, sonrojada en su beatífica pose de brazos abiertos. |