Caminando por la plaza,
y sin saber dónde ir
se me fueron mil canciones
y estas ganas de vivir.
Cuando el viento me atrapó
y me llevó por el aire,
aprendí que de el amor
no dependen los mejores instantes.
Y este castillo de naipes
voy a tener que saber reconstruir,
porque los dado y el azar, ya descubrí,
no están hechos para mí.
Cuando crucé esta calle,
la del olvido y la razón,
recordé el mejor argumento,
el del corazón.
Y bailando esta pieza insana,
tejiendo esta sensación frustrada,
me vestí de princesa, de reina, de huérfana
y jugué a ser el último testigo.
Y esta batalla la perdí, pero gané mucho más. |