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Inicio / Cuenteros Locales / DiegoRomero / El hueso de los dioses

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Me pregunté si encontraría alguna vez lo que consiste en nada. Un sillón, sin mirar, la cabeza en otro lado, (el techo, la lámpara), a un tiempo y en silencio, el acá igual que allá, pero acá peor, con Bettina en el jean, yendo y viniendo. Yendo y viniendo. Yendo y así.
No pagaste esto.
Te olvidaste de llamar a.
Trajiste lo que.
Todo menos escuchando; y yo preguntándome por qué los últimos en llegar habían sido Gustavo y ¿Alicia?, a la que nadie conocía de ningún lado, sonrisa, buenas noches, yendo y viniendo, yendo y viniendo y ahora de veras, bandeja, cerveza o vino, Horacio en la parrilla con la leña y el carbón de mala muerte que le había comprado porque todo se fuera al diablo de una buena vez, ahora en especial que la felicidad era Mary Hopkin y la puta madre que la parió.


Alguien entrando a la casa, tanto sahumerio nariz fruncida, Bettina preocupada por la bebida, de un lado al otro con bandeja y vasos, todo marchando bien (a veces en tono interrogativo) como darse sin apuros, más invitados, los abrigos al cuarto desde la puerta, sobre la cama, sin encender la luz. Uno, dos vasos de cerveza y servilletas.


22: 00. Gente, gente, gente, (mayoría en el patio, donde Horacio se devanaba los sesos con mil inventos por hacer que la leña y el carbón agarrasen).
Bettina: “¡timbre!”
Yo: de lleno a la oscuridad del living; a refilón de la luz se ve flotar la bruma del sahumerio, soporífera y dulzona. El rostro de Ignacio + rubia insípida detrás asomando entre el marco y la puerta= los sacos a la cama.


Encendí un cigarrillo y de golpe los sahumerios, como un bicho que me picara el seso, una y otra vez, una y otra vez, yendo y viniendo y repitiéndome varias veces que todo bien, que había puesto como mil y que otro tanto era lo que había. No pasaba nada. No pasaba nada. No pasaba nada y después de un rato fue no dar más y levantarme sigilosamente por ir a ver; lo demás bien; y si no era así, me importaba una mierda. Importaban los sahumerios.
En las habitaciones cambié dos o tres.
Lo mismo en el pasillo y la escalera del entrepiso.
Entonces regocijo, preguntar qué faltaba, no sé, cervezas y vasos, de nuevo banqueta y llenarme el vaso, cigarrillo, Horacio gritando a comer, mecánico e idiota aplauso, los panes, el timbre.
(Poli).
Pasá y dame el pulóver, lo llevo al ropero; pensé que ya no venías.
Se me hizo tarde y quise pasar por casa a bañarme, viste. No habrá drama con tu mujer, ¿no?
No, ni se fija. Todavía sigue cayendo gente.
Y te traje esos sahumerios para el olor que siempre prenden ustedes, ¿te acordás que la otra vuelta faltaron y casi se agarran de los pelos vos y aquella?
De repente, ya todo podía ser Poli y la banqueta y el vino y fumar, fumar, fumar. Me fastidiaba tener que dejar a Poli solo en el patio. Empecé a querer apurarme, entrar al vuelo en la cocina preguntando por los panes para los chorizos, un cuchillo rápido desde el fondo del cajón, abrir los panes por la mitad, cada vez que la hoja de acero se metía en la panza de los panes imaginar algún invitado. Saqué una bandeja y eché los panes encima. Fui al patio y la dejé en la mesa. Horacio sacó las primeras hileras en una asadera y empezó a repartir. Poli miraba. Le acerqué un choripan y volví a servirle vino. Le dejé cigarrillos. Me sentí un imbécil.


Volví a los sahumerios, que habían formado una densidad como fantasmal. Abrí una de las hojas de la ventana y levanté un poco la persiana. Subí las escaleras que daban al altillo. Revisé los sahumerios. No faltaba ninguno. Todo venía saliendo bien. Tanteé debajo del felpudo y saqué la llave de la boardilla. En el entrepiso, el humo estaba concentrado. Traté de abrir la claraboya. Como habitualmente no se abría, me costó un triunfo. Al fin, las bisagras empastadas cedieron ante mi insistencia y un cachetazo de aire helado me cruzó la cara, mezclado con olor a polvo y óxido. A tras luz, el humo empezaba a escaparse por el ojo de buey. Y entré. A pesar de los sahumerios, el olor allí era insoportable. Olor a muerte. Muerte vieja. Estacionada. Traté de dominar la marejada nauseosa que me envolvía las tripas, cerré los ojos un instante y estiré la mano para alcanzar la luz. Noté que Agustín estaba de costado, enfrentado a Milena. Bettina debe haberlo movido, pensé. También Sofía estaba distinta. Sentí furia; no me gustaba que Bettina se metiera tantas veces en el cuarto sin decírmelo. Y que desde allí se escuchara el bullicio del patio, le encajó una patada de absurdo a todo sin que me importase creer que mi ausencia delataría el hartazgo. Toqué a Francisco. Le recorrí la frente, como una pasa de uva.


Ni bien traspasé el umbral hacia el patio, noté a Poli en la misma posición, tan alejado de todo ese mundo que parecía una estatua que no puede dejar el encierro de no moverse. Desde arriba, la idea me venía estallando con cada golpe del corazón. No lo dudé mucho. Fue, por justificarlo, un darme cuenta de que no podía más. Y que Bettina tampoco. Salvarme sería, en gran parte, salvarnos a los dos. Y ella no sería la que tomase la iniciativa.
Fui hasta el garaje y corrí la lona que cubría el estante de las herramientas. Contra la pared, siempre guardaba uno o dos bidones de nafta. Los dejé un instante en el suelo y volví a la casa para agarrar las llaves del frente. Entonces regresé por el patio al garaje y tomé los bidones. Salí por adelante. Lo más rápido que pude, como si la acción que iba a llevar a cabo dependiera de mínimo tiempo. Entré por el living. Cerré y asalté las escaleras, pateando sin querer cinco o seis sahumerios. Entré a la boardilla y destapé un bidón, rociando todo al tiempo que las disculpas y Bettina y Poli, hermano, siempre Poli abajo solo y el segundo bidón en el suelo, las camas, los cuerpos y el tiempo, juguetes, elefantitos rosados y azules en el empapelado, tan lindos que eran una mierda, mientras buscaba cómo prender el fuego.




Texto agregado el 18-10-2006, y leído por 539 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
2008-03-09 04:24:14 Me gustó mucho, las repeticiones en la mente del narrador están muy bien,seguiré leyéndote, saludos. cqa
2007-04-10 04:15:46 Buenisimo che, buenisimo. Bruno. nenaboba
2007-02-20 02:40:57 Releo: puta que está bueno. Excelente, Diego. polaroid
2007-02-11 15:58:19 Este texto tiene dos cosas fundamentales: ritmo y carácter. Puedo sentir el olor del sahumerio en la nariz, tapando otro olor todavía más intenso. A veces me retraso en leerte pero al final, cuando lo hago, tengo mi premio. Abrazos. santacannabi s
2006-10-29 11:23:10 Sentimientos en bruto, ritmo agotador, es terrible meterse en la mente de tu protagonista. Sophie
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