Me encontré en ese baño
atravesándome a tus cejas extendidas,
sosteniéndome en el aire.
Te metiste en mí entre ahogos y nervios encendidos,
como instrumentos musicales.
Con sus cuerdas que tocaban irresistiblemente.
Hiciste eso… Y parecíaٌ que la música se deslizaba hacia mí.
Tú, puro genio trabajando, que entra al fuego.
Yo, caminando vestida, sin marcas de ese viaje.
La casi innombrable obscenidad regresa.
Ahora voy desnuda por tu cuerpo desnudo, en el piso mojado.
Me dejo tomar por el enemigo.
Me ahogo por sus piernas.
Y me como al enemigo.
Acepto su destreza, su magia, hasta su fuerza.
Soy suya sobre el agua.
De noche, sola, no imagino la cama.
Debajo.
Arriba.
En espuma
y espuma.
Hincándose y empujándome.
Las luces de tu pelo adherido a las estrellas.
La luna
demasiado brillante en tu boca
pasando a través de mis barreras.
Mientras, como una cosa acuática irguiéndome en tu playa.
Me quedo en el agua sin ver, sólo sintiendo.
Me dejo arrastrar.
Subir.
Bajar.
Antes o ahora.
Olga Ravelli
Viernes 5 de noviembre de 2004.
olgarav@hotmail.com
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