Globos blancos que como luciérnagas brillan
Sobre el diamante a pulir,
Indican el inicio de un gélido amanecer.
Una bandera blanca deja de flamear
para yacer crucificada en medio de la niebla
que empieza a hacerse espesa.
La vista se aclara, pero el eclipse los ciega,
Todo pasa cuando los pistones amarillos
quedan inertes al escuchar el rugir del motor.
Estampido azabache retumba hasta clavar
la herradura en su marca.
Entonces comienza aquella hermosa
marcha, perfecta, prusiana,
Por aquel túnel de mármol, blanco como el alba,
Limpiado por aquellos pecadores,
Que osaron burlarse
de una pala estampada de estrellas.
Al final del punto resaltante
se puede gustar el café,
los coscachos se preparan
y apuntan hacia la derecha
y lentamente comienzan a desaparecer
hasta perderse en el infinito
el último cadete de la primera compañía.
|